¡Bienvenidos!

“Por todo ello, yo te saludo, libro, expresión tangible de lo mejor del espíritu creador de los hombres. Alarde de la imaginación tanto del autor como del lector, el libro es compendio del conocimiento: del autor ensoñador de vivencias, del científico innovador audaz o comunicador de conocimientos recreados; así como del lector de ojos fascinados, con mente abierta y con la adhesión de un corazón tantas veces exaltado.

El libro es incluso conquistador en busca del lector, hasta lograr penetrar en el baluarte de su corazón y de su mente, para desde allí extender su influencia hacia las muchedumbres gracias al diálogo y al debate.

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Y yo te saludo, también a ti lectura, reflexión serena y profunda de los grandes saberes, ensueños, meditaciones y caprichos. La lectura es historia interminable de un noble quehacer humano que se hace cada vez experiencia única e irrepetible y que, sin embargo, se recomienza una y otra vez por otros muchos y aun por uno mismo. Cada libro, cada texto, tiene una lectura distinta desde la cultura y la actividad del respectivo lector.

La lectura penetra en las ideas, conceptos y lenguaje, pero también en los datos, en el grafismo, en la infinita diversidad y en la elegancia del tipo de letras (coqueta, versátil y aun agresiva a veces), junto con los colores del papel y la ilustración que nos embargan todos los sentidos. Así se comprende que el propio gesto de abrir un libro sea el más parecido al propio de una oración y que la lectura sea una actividad individual, íntima, casi secreta.

Ahora, yo también tengo que concluir este artículo, aunque algo desasosegado por abandonar la ocasión de una reflexión necesaria y tantas veces esquiva, en un mundo que sólo tiene tiempo y comprensión para la acción productiva, cuanto más numerosa e intensa mejor. Sin embargo, escribir estas líneas me han regalado un rato de solaz para mi espíritu, mientras afloraban razones para la esperanza de un futuro mejor.”

Ricardo Díez Hochleitne

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